La revista española Muy Interesante reporta que “Investigadores canadienses han encontrado evidencias de que, a medida que envejecemos, nuestro cerebro aprende mejor de los errores que de los aciertos”. En hora buena por ello, bienvenidos sean los años entonces que nos permiten un acceso oportuno a la sabiduría. Como dirían nuestros mayores, las canas no llegan en vano.
Sin embargo, lo que hace a este estudio tan interesante no es el reafirmar algo que ya se sabía por experiencia, sino el enfoque puntual al confirmar científicamente que el cerebro humano aprende más de las equivocaciones que de los éxitos; lo cual muestra que el error al que tanto le tememos es en una medida necesario para alcanzar los aciertos tan deseados.
Desde este punto de vista partimos que al tratar los entuertos como parte del aprendizaje podemos mirarlos con otra perspectiva, dejando a un lado la culpa y la vergüenza que usualmente acompañamos al hecho natural y normal de cometer desatinos.