Los extremos son peligrosos. Nuestras funciones físicas y mentales son afectadas por la falta o el exceso de sueño. Dormir poco o demasiado va a repercutir en los niveles de energía y concentración que necesitamos para realizar hasta las actividades más cotidianas.
Es Más nos ofrece un par de textos a propósito de este tema: “dormir menos de seis horas o más de ocho puede hacer que el cerebro ‘envejezca’ más rápidamente (hasta siete años, de acuerdo con un estudio llevado a cabo en la Universidad de Londres). Cualquiera de los dos extremos puede acelerar el declive cognitivo, afectando el vocabulario y el poder de raciocinio”.
Ahora, la revista Es Mas también nos dice que sí hay ocasiones en las cuales extender las horas de sueño resulta válido, por ejemplo, en un fin de semana para recuperar la potencia perdida durante el periodo laboral: “Una hora, o dos, de más de sueño después de un período de pérdida parcial de sueño es una verdadera ventaja para recuperar la fuerza y la energía”.
Entonces, según los estudios: ni poco, ni demasiado diariamente; pero de vez en cuando una ruca extra pues es bienvenida para la buena salud.