
Claude Monet - Water Lilies 1916
Por Ana Ce
Enero (del latín ianuarius-janairo-janero-enero), primer mes del año, toma su nombre del dios romano Jano, del latín Janus, dios de los comienzos y las transiciones, así como de los umbrales y las puertas, del principio y el final; usualmente retratado con dos caras, una mirando hacia el pasado y la otra hacia el futuro. Ahora, al concluir e iniciar un año, usemos esta alegoría de las dos caras para mirar hacia atrás y saborear aquellos pequeños o grandes logros cumplidos durante el año que muere, luego miremos hacia el futuro con la fe y la esperanza de las realidades extraordinarias para el nuevo año que empezamos a vivir.
Con la vuelta hacia el pasado llegan dolores, angustias, sin sabores, relaciones perdidas, seres que ya no habitan entre nosotros, despedidas; pero también llegan a la memoria metas logradas, risas entre amigos, sueños cumplidos, labores terminadas, buenas jornadas recorridas, brindis, nacimientos y bienvenidas. Este ejercicio de observación hacia el pasado reciente demanda un enfoque en las certezas maravillosas ya vividas; los días, los meses, los años siempre van a llegar con tristezas pero también con alegrías, y debe ser nuestra voluntad emocional entregar nuestro corazón y memoria a esos momentos que nos trajeron sonrisas y satisfacciones. No se trata de evadir la realidad y pretender que cosas malas no pasaron, se trata de mostrarnos agradecidos porque en medio de huracanes existenciales siempre hay mañanas hermosas y tardes refrescantes.
Ahora, con la mira en el futuro hay que esforzarnos por crear aquellos campos donde habiten los sueños y las realizaciones de esos sueños; donde se propongan metas y se cumplan metas; donde las palabras no se queden como meras bailarinas de viento, sino que se vuelvan entidades corpóreas y palpables. Vamos con fuerza, estoy segura que habrá momentos de frustración y rabias, pero con la fuerza universal y divina que ya está en nosotros, que ya vive latente en nosotros, vamos a ser capaces de sobrellevar y vencer esos escenarios amargos.
Permitámonos entonces, en esta nueva jornada, horas de encantamiento y dicha; horas de pasión y énfasis; permitámonos abrir portales de creatividad, descubrimiento, asombro, risas, complicidades, jugueteos. Permitámonos experimentar aquellos instantes de felicidad que ya habitan adentro y afuera de nuestro ser.